Las historias que nos contamos

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07 Feb 2025

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Notas Desarrollo Personal

A nivel individual, también nos contamos historias, y esas historias, de alguna manera, nos configuran y moldean. Por eso, parte de nuestro éxito—no sé si todo—está determinado por aquello que nos decimos y por las historias que nos contamos.

He estado escribiendo sobre las obviedades del éxito, tratando de llevarlo a términos objetivos y simples. No quiero restarle mérito a los logros que llamamos éxito; cada persona ha invertido tiempo, esfuerzo y dinero en alcanzar aquello que ha perseguido. Sin embargo, también quiero dejar en claro que el éxito está rodeado de misticismo, y esa es la parte que me interesa desmitificar.

Pero no quiero alejarme del tema. En este artículo, quiero enfocarme en nuestro diálogo interno. Todos desarrollamos, en mayor o menor medida, una conversación interna, y esa conversación nos moldea, nos configura y nos orienta.

En un artículo anterior hablé sobre cómo las historias nos cautivan y capturan nuestro interés. Después de publicarlo, me quedé reflexionando sobre las historias que nos contamos a nosotros mismos todos los días.

¿Son buenas historias las que nos contamos? ¿Nos ayudan a alcanzar nuestros objetivos?

Cuando cometemos un error o sentimos que hemos fracasado, ¿qué historia nos contamos?

Es fácil caer en una espiral de culpa, angustia y temor cuando fallamos. En esos momentos, solemos repetirnos frases como:

“Siempre me pasa lo mismo.”

“No soy lo suficientemente bueno.”

“No importa cuánto lo intente, nunca lo lograré.”

Pero precisamente en esos momentos es cuando más apoyo necesitamos. Es cuando más debemos contarnos historias que nos inspiren y nos ayuden a superar los obstáculos.

Si, por ejemplo, crees que nunca podrás hablar en público porque “no eres bueno para eso”, tu mente buscará evidencia que refuerce esa historia. Sentirás nervios, evitarás hablar frente a otros y, cuando lo hagas, recordarás solo los momentos en los que tartamudeaste o te equivocaste. Pero si cambias la narrativa y te dices: “Puedo aprender a hablar en público si practico lo suficiente”, tu enfoque cambiará y comenzarás a encontrar maneras de mejorar.

Logramos aquello que se encuentra dentro de los límites que nos hemos creado.

Por eso, una forma poderosa de mejorar a nivel personal es trabajar en nuestro diálogo interno. No se trata solo de ser positivos sin fundamento, sino de adoptar una perspectiva más objetiva y útil sobre nuestra realidad. Debemos empezar a contarnos mejores historias, historias que nos ayuden a superar cualquier obstáculo y que nos motiven e impulsen a alcanzar el siguiente objetivo.

Esto implica reemplazar pensamientos limitantes por narrativas que refuercen nuestra capacidad de cambio y crecimiento. Si en lugar de decirnos “No soy bueno en esto”, nos decimos “Todavía estoy aprendiendo, pero puedo mejorar con práctica”, abrimos la puerta a nuevas oportunidades y experiencias. Al final, nuestra mente es como un jardín: lo que cultivamos en ella determinará lo que cosechamos en nuestra vida.

El psicólogo Martin Seligman, pionero en la psicología positiva, sostiene que la forma en que explicamos nuestras experiencias influye directamente en nuestra felicidad y éxito. Su teoría del estilo explicativo distingue entre dos formas principales de interpretar los eventos de nuestra vida: el pesimista y el optimista.

Un estilo explicativo pesimista tiende a ver los problemas como permanentes, personales y fuera de nuestro control (“Siempre fracaso en esto, no tengo talento, nada de lo que haga cambiará las cosas”).

En cambio, un estilo optimista reconoce que los errores y dificultades son temporales, específicos y superables (“Esta vez no funcionó, pero puedo intentarlo de otra manera y aprender de ello”).

Si adoptamos este enfoque más flexible y esperanzador, no solo reducimos el impacto del fracaso, sino que nos damos más oportunidades de aprender, mejorar y alcanzar lo que nos proponemos. Como decía Henry Ford:

“Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón.”

Así que la pregunta es:

¿Qué historia te estás contando hoy? ¿Te impulsa o te detiene?

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